El duelo desde una perspectiva hispana y latina
Cuando pensamos en el duelo, es fácil centrarnos en las emociones que suelen acompañarlo: tristeza, enojo, culpa, confusión o añoranza. Aunque estas experiencias pueden ser universales, la manera en que comprendemos, expresamos y afrontamos el duelo está profundamente influenciada por la cultura.
Durante el Simposio de la National Alliance for Children’s Grief (NACG) de este año, Corina García-Reyes, Coordinadora de Programas de The Children’s Room, presentó Con Corazón: Honoring Grief in the Latino Community Through Culturally Informed Practices. Su presentación exploró cómo la cultura influye en el proceso de duelo y por qué la humildad cultural es fundamental al acompañar a niños, adolescentes y familias tras la muerte de una persona importante en sus vidas.
Comprender la cultura no significa memorizar tradiciones o aprender una lista de costumbres. Significa reconocer que cada familia tiene sus propias creencias, su idioma, su historia y sus formas de encontrar significado después de una pérdida. Cuando abordamos el duelo con curiosidad y respeto, creamos un espacio donde la experiencia de cada familia puede ser reconocida y valorada.
No existe una única experiencia hispana o latina
Uno de los conceptos erróneos más comunes es pensar que las comunidades hispanas y latinas comparten una sola cultura. En realidad, son comunidades profundamente diversas.
Aunque muchas familias compartan un mismo idioma, sus tradiciones, creencias sobre la muerte, rituales de duelo y formas de expresar el dolor suelen variar según su país de origen, la región de donde provienen, su historia familiar o sus experiencias personales. Incluso las palabras que utilizan para hablar del duelo pueden diferir de una comunidad a otra.
Reconocer esta diversidad nos recuerda que un acompañamiento culturalmente informado comienza escuchando, en lugar de asumir. Cada familia en duelo es la mayor conocedora de su propia experiencia.
La cultura nos enseña a cómo vivir el duelo
Mucho antes de experimentar la muerte de alguien importante en nuestras vidas, la cultura comienza a enseñarnos cómo se vive el duelo.
Influye en la manera en que hablamos sobre la muerte, en sí las emociones se expresan abiertamente o se viven de forma más privada, en los rituales que practicamos después de una pérdida y en cómo recordamos a quienes amamos. Esto influye quiénes nos acompañan, cómo se manifiesta el apoyo mutuo y de qué manera la comunidad se une y se cobija en los momentos de pérdida.
Estas enseñanzas se transmiten de generación en generación a través de las tradiciones familiares, la comunidad, el idioma, las creencias espirituales y las experiencias vividas. Con el tiempo, pasan a formar parte de nuestra manera de comprender el duelo, incluso antes de que tengamos palabras para describirlo.
La familia, la comunidad, la espiritualidad y la memoria suelen entrelazarse para formar una red de apoyo. Ya sea mediante comidas compartidas, tradiciones, relatos familiares, rituales conmemorativos o simplemente estando presentes unos para otros, estas prácticas recuerdan a los niños, adolescentes y familias en duelo que no tienen que afrontar el dolor en soledad.
La importancia del lenguaje
El lenguaje va mucho más allá de la traducción; también moldea la manera en que entendemos el mundo, como nos comprendemos a nosotros mismos y como expresamos nuestras experiencias más vulnerables.
Corina señala que existe la idea equivocada de que el español “no tiene una palabra para grief“. En realidad, el español cuenta con un vocabulario amplio y preciso para describir el duelo. Duelo hace referencia al proceso interno tras una pérdida, mientras que luto describe la manifestación externa o el estado de duelo.
En muchas comunidades hispanas y latinas también se utilizan términos como pena, pesar o mal de los nervios para describir las experiencias emocionales y físicas relacionadas con el duelo. Aunque estas palabras puedan tener equivalentes en inglés, suelen contener significados culturales que no siempre pueden traducirse de manera literal.
Comprender el duelo desde una perspectiva cultural implica prestar atención no solo a las palabras que utilizan las personas, sino también al significado que esas palabras tienen dentro de su comunidad.
La humildad cultural es más importante que la experiencia cultural
Brindar un acompañamiento del duelo culturalmente informado no consiste en conocer todo sobre todas las culturas. Consiste en acercarnos a cada familia con humildad.
Esto comienza por reconocer y trabajar nuestros propios juicios y comprender que la persona que tenemos delante de nosotros es la verdadera experta en su propia experiencia de vida.
Para los profesionales, esto implica mantener una actitud de apertura, hacer preguntas reflexivas y continuar aprendiendo sobre las comunidades a las que acompañan. También significa reconocer que la empatía, la escucha activa, la validación emocional y la creación de espacios seguros son habilidades que trascienden las diferencias culturales.
En lugar de esperar que las familias en duelo sean quienes nos enseñen sobre su cultura, podemos asumir la responsabilidad de ampliar nuestra comprensión mediante el aprendizaje continuo, la reflexión y relacionarnos de manera genuina con comunidades diversas.
“La cultura nos enseña a vivir el duelo porque somos parte activa de ella.”
Acompañar a las familias desde donde están
Cada proceso de duelo es único. Aunque no existen dos experiencias iguales, la cultura ofrece un contexto esencial para comprender cómo los niños, adolescentes y sus cuidadores viven una pérdida y buscan apoyo.
Cuando abordamos el duelo con apertura, humildad y respeto por las diferencias culturales, dejamos de lado las suposiciones y creamos espacios donde las familias realmente se sienten vistas y comprendidas. Esto no requiere tener todas las respuestas. Comienza con escuchar, honrar la historia de cada familia y caminar a su lado con compasión.
Porque, en última instancia, ofrecer un acompañamiento del duelo culturalmente informado no significa tratar a las personas de manera diferente, sino reconocer y honrar las experiencias que hacen que el recorrido de cada familia a través del duelo sea verdaderamente único.






